Un ciclón amarillo acabó con la imbatibilidad de David Moyes en el banquillo donostiarra. Desde que el escocés asumiera su cargo, la Real Sociedad había enlazado un empate y una victoria, y tres encuentros consecutivos sin encajar goles si tenemos en cuenta también el partido del pasado miércoles de Copa del Rey contra el Real Oviedo. El tremendo potencial ofensivo del Villarreal en el segundo periodo terminó por desarbolar al conjunto txuri urdin después de un primer periodo muy equilibrado. Al final fueron cuatro goles, pero pudo llegar alguno más si tenemos en cuenta los dos lanzamientos al palo de Luciano Vietto y alguna que otra gran intervención de mérito de Zubikarai.
Los dos equipos salieron sobre el césped de El Madrigal con hambre de balón. La lucha por la posesión fue encarnizada y el Villarreal, al que le gusta dominar especialmente en sus encuentros como local, sufría sin poder madurar las jugadas. En medio de la refriega, Vietto aprovechó un resbalón de Iñigo Martínez para plantarse solo ante el cancerbero visitante, pero su lanzamiento se marchó alto.
Los minutos pasaban sin que el choque tuviera un dominador claro. La insistencia local iba desequilibrando la balanza con el paso de los minutos, aunque la tremenda batalla en la medular hacia que faltara frescura en la zona de tres cuartos a la hora de enlazar con los atacantes. El resultado era la prácticamente ausencia de ocasiones de gol durante la primera media hora de juego, con excepción de la mencionada ocasión de Vietto y un tímido remate de Cheryshev tras realizar un excepcional control orientado en el interior del área donostiarra.

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