Yo no tengo que darle explicaciones a nadie de por qué me voy de viaje. Si me voy por mi cuenta, se las doy a mi familia, y si me voy por la federación, se las doy al directorio de la FPF. Eso me espetóManuel Burga el 2009, la última vez que indagué sobre sus innumerables viajes.
Hoy, cuando la organización de un partido definitorio del fútbol peruano es más sofocante y traumático que el caos en Evitamiento en hora pico, Manuel Burga yace sentado en un cómodo sillón de la Conmebol en Paraguay, con saco y corbata, botella de agua en mesa y bajo un fresquito aire acondicionado, mientras mira el sorteo de la Libertadores.

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