sábado, 27 de diciembre de 2014

Así no acabaremos con el Estado Islámico

Nadie lo espera. De repente, una bola de fuego envuelve las posiciones del Estado Islámico en el extrarradio de la ciudad de Kobani, seguida de un estruendo enorme. Una columna de humo se alza gigantesca hacia los cielos, visible incluso desde Suruç, a 8 kilómetros de distancia. Allí, en lo alto de un edificio en construcción, un grupo de refugiados kurdos observa el espectáculo en silencio. Solo entonces se escuchan los motores de los cazas de la coalición internacional sobrevolando la frontera. Pocos minutos después, otra explosión, y más tarde, otra.
La escena, observada por este reportero en octubre, se repite desde hace meses en los territorios controlados por el Estado Islámico en Siria e Irak, castigados regularmente por los bombardeos de la coalición liderada por EEUU. Unas operaciones que están teniendo un importante impacto psicológico en los nervios de los yihadistas, pero cuya eficacia, sin embargo, está en entredicho.


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